Elaboran dulces de calidad con identidad regional

Con el acompañamiento técnico del INTA Catamarca un grupo de productoras mejoró la calidad e inocuidad de sus productos, accedió a habilitaciones bromatológicas y logró llegan al consumidor final con más valor agregado. Mermeladas de durazno, dulce de leche, membrillo, nueces confitadas y arrope de chañar son algunos de los productos.

“La intención nunca fue enseñarles a hacer dulces, porque ese saber está en ellas desde hace décadas. Nuestro trabajo fue acompañarlas para que pudieran adecuar sus cocinas, aplicar buenas prácticas y lograr productos típicos con inocuidad y excelente calidad”, explicó Diego Cabrera, del INTA, quien acompañó el proceso desde la Agencia de Extensión Rural de Paclín.

El INTA articuló con el área de Bromatología de la provincia de Catamarca para avanzar en la habilitación de cocinas y registros de productos. Ese paso fue clave para que hoy puedan transportar y comercializar legalmente en toda la provincia.

“Antes vendíamos solo de manera informal, entre vecinos o en casa. Hoy podemos participar en ferias, viajar a eventos y ofrecer un producto seguro, sano y reconocido por su calidad”, expresó Rosario Rodríguez, una de las elaboradoras del grupo.

La transformación también se expresa en la escala productiva. Algunas de las emprendedoras elaboran hasta 60 kilos de fruta por tanda durante la temporada alta, mientras que otras producen alrededor de 24 frascos por semana, aprovechando la disponibilidad estacional de frutas frescas del territorio.

Pero más allá de los números, el mayor valor está en lo simbólico: cada producto mantiene la esencia de lo casero, sin aditivos químicos, con frutas de la zona y técnicas tradicionales de conservación basadas en el azúcar y la evaporación.

“Queremos que quien compre nuestros dulces sienta que lleva un pedacito de Ambato a su mesa: un producto sano, con historia, con sabor tradicional y hecho con mucho cuidado”, expresó Graciela Zamboni, otra de las productoras.

El impacto del proceso no solo fortaleció los emprendimientos, sino también el bienestar de las familias. Para muchas de estas mujeres significó independencia económica, reconocimiento comunitario y la posibilidad de proyectar un crecimiento sostenido en el tiempo.

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